domingo, 25 de octubre de 2015

Pero...¿Qué pinto yo aquí?

Nunca me gustaron los gimnasios. Siempre los comparé con jaulas de hamster, donde toda su fauna se mueve al unísono. La nueva estética de estos lugares, grandes ventanales a la calle, muestran a todos esos animalitos moviédose en la ruleta, casi agonizando por conseguir...¿un cuerpo de revista?, ¿algo menos de barriga y algo más de músculo?, ¿Estar más saludable...menos colesterol, nivel de azúcar en su punto? ¿Llegar al fin de semana y tomarse las cervezas que el cuerpo admita, sin tener remordimiento? o quizás lo que se busque no sea nada de esto, simplemente salir de la rutina, tener un lugar donde ir, donde relacionarse.
Cada cual, tendrá su motivo.
 Dicho todo esto y siempre haciendo alusión a ese refrán de "No digas nunca de ese agua no beberé"... ¡¡¡Estoy apuntada a un gimnasio!!!
Mi motivo, actividades extraescolares. ¿Otro motivo? Un precio razonable.Así que teniéndome que tragar eso de ¿Yo en un gimnasio?, he preparado mi mochila,  me he comprado ropa de gym y...
¡A sudar!
Lo primero que hay que hacer al entrar a un gimnasio es, aprender idiomas: Core Extrem, Body Combat, ,Sh`bam, Body Pump, Body Balance y un largo etc de Bodys.
El primer día me sentí como una hormiguita en un parque zoológico...
Pruebo el Body Combat y veo cuerpos esculturales, de chicos y chicas como recién sacados de una revista de modelos, y entro yo con mi metro cincuenta y poco y pienso...¿¿¿Pero qué pinto yo aquí???
Me sitúo al final del aula y observo.


Comienza la clase y a ritmo de música estridente, esa que mi amigo Luís llama música infernal, empiezan a hacer una coreografía con pasos de boxeo, y como si del mismísimo Rocky Balboa se tratara, comienzan a dar puñetazos a un contrincante imaginario, todo ello mezclado con patadas de kárate y de alguna otra arte marcial, incluso con algo de Capoira.
Empiezo a imitar a la monitora y a los alumnos aventajados que tengo delante.
Cuando ellos van a la derecha, yo lanzo puñetazo a la izquierda, cuando ellos dan patada a la izquierda, yo la doy al frente, sin darme cuenta, tengo un lío de brazos y de piernas que no sé como desliarlo. En otra cosa que me fijo, es en que todos los que ya tienen algo de experiencia, llevan guantes.
Casi al finalizar la clase, parece que he cogido más el ritmo y aunque más lenta que ellos, pero consigo coordinar movimientos. Me duele todo el cuerpo. Parece que todos los puñetazos lanzados al aire, han ido a mi metro cincuenta y poco y sigo pensando...¿¿¿Pero qué pinto yo aquí???
 No solo salgo molida sino que salgo con sensación de ridículo, cuando la monitora me para y me dice que si he practicado antes esto. Me duele tanto el cuerpo que no me salen ni las palabras. Como puedo, le contesto que es mi primera vez ,a lo que ella con cara extrañada me dice que quien lo diría, que he coordinado perfectamente y he aguantado muy bien la dureza de la clase.
Ahora la que se queda desconcertada soy yo, miro para atrás por si no es a mí a quien se dirige, pero veo que no queda nadie detrás de mí...de hecho, no lo ha habido antes tampoco.
Y me voy con un subidón terrible...pero...¡¡¡si era un ovillo de lana mal liado!!!
Ahora ya no pienso en el dolor de mi cuerpo, ahora , pienso que tengo que ir a comprarme unos guantes como los que lleva todo el mundo.


Así que, casi cuando estaba a punto de caer al suelo medio muerta de la paliza,  no sólo no lo hice sino que lo que para mí era impensable,volver, ha pasado a ser parte de mi rutina semanal.
En tan solo dos segundos, alguien me cambió mi modo de ver estos lugares.


Hoy el enlace de mi pensamiento con la receta debería ser algo saludable y bajo en calorías, por aquello del gimnasio.
Pues no, os voy a dar una receta de pizza casera de mi amiga Kika, que es lo que me apetece comer siempre que salgo del gimnasio...y me la como. Es mucho desgaste el que hago y hay que reponer fuerzas, que luego el día a día es muy duro, casi más que el gimnasio.



Ingredientes:
.  Levadura.
. 50gr de aceite.
. Un vaso de agua.
. 400gr de harina de fuerza.

Elaboración:
Mezclar todos los ingredientes, amasar un buen rato y dejar reposar una media hora en un lugar templado.
Encender el horno a 180º o 200º, extender la masa en una bandeja de horno previamente untada con un poco de aceite y echar por encima tomate y queso mozzarella rallado.
A continuación poner los ingredientes a vuestro gusto.
Meter en el horno durante 20 ó 30 minutos.

 Sí os voy a poner como música algo relajante, no todo van a ser estridencias y pasarse del límite.
Ederlezi de Dikandahttps://youtu.be/ep1PSG2rwzc?list=PLwd2sF9imyGkqOoOcRe3Nu9hZKVZQqf_R
Ahora os recomiendo que os sentéis tranquilamente y despues de haberos tomado un buen trozo de pizza, os hagáis una infusión, la que cada uno guste, incluso aquellos que no tienen problemas con el sueño, un buen café, y escuchéis detenidamente esta canción.
Despuès de una dura jornada los Dos Segundos me vienen al instante, por el correr diario, por la dureza de una clase de Body Combat, por un trozo de pizza que resucita a un muerto, por una taza de té de especias y la buena música de Dikanda.



martes, 21 de julio de 2015

El imperio de los sentidos

Hace casi un año, tuve la gran suerte de viajar a una de las ciudades más bonitas que puedan existir. En mi corto recorrido por el mundo, si alguna ciudad de las que he visitado, merece la denominación de Imperio de los Sentidos, es Estambul.
En esta entrada no voy a dar consejos, ni recomendaciones de lo que hacer en esta ciudad. Para ello hay maravillosos blogs, que a mí me sirvieron de guía, además de consejos de amigos que ya habían estado allí.
Siguiendo la política de Dos Segundos, voy a transmitiros todas las sensaciones que pude experimentar al pisar aquel suelo, tan lejos y al mismo tiempo, tan cerca de nosotros.


Nada más llegar, cada uno de mis sentidos, se multiplicaron al cien por cien. La vista, olfato, gusto, oido en incluso el tacto, se fundieron en uno solo. Comprendía perfectamente a todos los que me habían dicho que sería un lugar que me enamoraría.
Curiosamente fueron muchos años atrás, los que me negué rotundamente a viajar hasta allí. Prejuicios infundados, miedo a no sé muy bien qué...a volar...un no muy personal, que me hizo desaprovechar esa oportunidad de haber sido años antes, cuando descubriera esta maravillosa tierra.
Sí, me enamoré nada más llegar. Fue como si algo me dijera..."bienvenida a casa". Y así es como realmente, sus gentes, su paisaje, los olores, sus sonidos hacen que te sientas. Todo te envuelve.
Los estambuleños son gente amable, dispuesta a ayudar en todo lo que puedan, con sentido del humor, respetuosos, buenos anfitriones con el invitado, gente que sabe vivir y disfrutar de lo más sencillo.
En cuanto a su paisaje, cualquier calle, plaza, rincón, monumentos, el mar... tienen ese algo especial que no sabes porqué, pero te gustan. Lugares por los que han pasado civilizaciones distintas haciendo que la mezcla de todas, sea eso mágico que tiene la ciudad.



En cuanto al sentido del gusto...aquí sería imposible dejar de escribir. Su gastronomía es espectacular, mediterránea al cien por cien con el toque característico del caracter de sus gentes.




El sentido del oído se desarrolla en el bullicio de sus calles, pero sobre todo cuando oyes desde cualquier punto de la ciudad, la llamada a la oración.
Seas creyente o no, hace que te envuelva en algo que roza casi lo divino.



El tacto, es la Ciudad en sí. Desde que pones los pies en su suelo, empieza la caricia. Como si unas manos invisibles te envolvieran y acariciaran desde los pies a la cabeza, impregnándote de toda la esencia que existe allí, mezcla de todos los sentidos a la vez.
Fueron muchos segundos los vividos en Estambul durante una semana, viendo, oliendo, saboreando, escuchando, y por supuesto tocando y dejándome acariciar...y está claro que volvería para poder sentir lo mismo aunque sólo fueran durante DOS SEGUNDOS.

Hoy vamos a dejarnos acariciar el oído con Omar Faruk... 
 


Y la caricia en el paladar nos la van a dar unos exquisitos Baklawas, dulce típico de Turquía a base de pasta filo, pistachos, almendras, ralladura de limón, azúcar y agua de azahar.




INGREDIENTES:

- Pasta Filo (venta en hipermercados)
- 1,5kg de pistachos.
- 500 gr de almendras.
- Azúcar (al gusto...4 ó 5 cucharadas soperas)
- Ralladura de 1 limón.
- Agua de azahar (un chorreón)
- Mantequilla (una tarrina)
- Miel (un par de cucharadas)
- Canela

ELABORACIÓN:

Ante todo...mucha paciencia.

Comenzamos pelando los pistachos, escaldándolos en agua y quitándoles la piel. Partimos las almendras y hacemos lo mismo.
Una vez pelados los pistachos, los trituramos, pero sin que se hagan harina, tiene que quedar algo de granito. Les añadimos azúcar al gusto (yo pongo un par de cucharadas soperas), canela (también al gusto) y un chorro de agua de azahar. Lo mezclamos todo y dejamos unas cuantas horas para que se mezclen todos los sabores.
Con las almendras hacemos lo mismo. Trituramos una vez peladas, le añadimos azúcar un poquito de canela (menos que a los pistachos), ralladura de un limón y agua de azahar. Dejamos también un par de horas.
Sacamos del envoltorio la pasta filo y mojando un trapo que no suelte pelusa (es muy importante este paso, porque la pasta es muy fina y se seca de inmediato) lo ponemos encima de la pasta extendida.

Calentamos la mantequilla para que se funda y se mantenga así todo el rato, al baño María. Con una brocha de cocina, enmantequillamos el fondo de una bandeja de horno, que sea algo alta.
Cogemos la primera capa de pasta con mucho cuidado. Al ser muy finas, se rompen con mucha facilidad, y la ponemos de base en la bandeja de horno. Volvemos a pintar con mantequilla esa primera capa y volvemos a poner otra hoja de pasta, encima de la anterior, volviendo a pintar con mantequilla. Así, se repite el proceso con unas 10 capas de pasta. Pasta, mantequilla, pasta, mantequilla...quedando la base de este dulce formada por unas 10 capas de pasta. Cuando tengamos la última puesta, añadimos la mezcla de pistachos y repartimos uniformemente. Y volvemos a comenzar el proceso de capas de pasta. En esta segunda vez, en lugar de 10, se nos pueden quedar en 7capas. Encima de la última, repartimos ahora la mezcla de almendras para comenzar la última fase de capas de pasta. Volverían a ser 10 otra vez. Puesta la última capa de pasta, se añade por encima la mantequilla fundida que quede.
No se corta ahora.
Se mete al horno previamente calentado a 180º durante 20 minutos. MUY IMPORTANTE...NO QUITAR OJO DE ENCIMA...SE QUEMA MUY RÁPIDO.
A los 20 minutos más o menos, si se van tostando rápido se hace antes, se sacan y se parten en cuadraditos, y se vuelven a meter al horno hasta que se vean dorados.
Mientras se hace un almibar con azúcar, agua y un chorrito de agua de azahar. Cuando esté hecho, se le agrega dos cucharadas de miel.
Con este almibar, se riegan los pastelitos, insistiendo en que el almibar penetre en las juntas de haberlo cortado.
Cuando esté casi frío, se espolvorea por encima con pistachos pelados y triturados, a modo de adorno.

Por último decir que es un dulce muy calórico pero que nadie se puede prohibir, al no ser por motivo de salud...os aseguro que es un bocado de dioses.
Tomadlo con un buen té verde con hierbabuena fresca.