sábado, 20 de octubre de 2012

Larga Espera

Desde antes de nacer, ya esperamos. Esperamos ese momento de ver la luz de la vida. Como madres y padres, esperamos para poder ver a nuestra criatura, que durante nueve largos meses ha crecido en nuestro interior.
Seguimos creciendo y seguimos esperando, a terminar nuestros estudios, a tener un buen trabajo, a nuestro amor, a envejecer, esperamos a morir, esperamos, esperamos...

Esperar es saber que lo que deseamos se puede hacer realidad con el tiempo, con el esfuerzo, con la lucha, pero sin alterar el ritmo natural de las cosas. Nos ha tocado vivir un tiempo difícil de crisis económica, de crisis de valores, de crisis de perspectivas en todos los aspectos, y en esta etapa en la que estamos, es muy importante saber esperar, por supuesto sin abandonar esa lucha y  esfuerzo.
Hace muchos años un gran amigo me dio un consejo ¡aprende a esperar! y lo seguí. A él la vida no le dió la oportunidad de esperar a nada.




Y es que en definitiva , la vida es una Larga Espera en la que hay que encontrar nuestros dos segundos diarios que nos iluminen el camino a donde queramos ir.

Hoy en Dos Segundos, mientras aprendemos a esperar y haciendo alusión al título de esta nueva entrada, escuchamos Long Wait (larga espera) del músico y compositor turco Omar Faruk, canción de extrema belleza que puede reportarnos algo más de dos segundos de placer sólo con escucharla.

Ya sabéis la norma de este blog de incluir también alguna receta de cocina siempre casera, para que también nos aporte esos breves instantes de placer. Esta vez he escogido algo delicioso y acorde con la época otoñal (como en la entrada anterior) mermelada casera de moras.

Ingredientes 



.1/2 kg de moras de zarza.
.La mitad de azúcar que el peso total de la moras.
.1/2 manzana pelada y troceada.

Elaboración

Se enjuagan las moras bajo el grifo, nunca dejándolas en remojo, para quitarles restos de polvo.
Se dejan en un recipiente con el azúcar durante una noche o unas doce horas, removiendo de vez en cuando, pero con cuidado de no deshacerlas mucho.

Una vez pasado este tiempo, las ponemos en un cazo, mejor si es antiadherente, junto con el líquido que han soltado y la manzana troceada.
Ponemos a fuego lento y movemos para que no se pegue. La mermelada estará hecha cuando al poner una cucharada de ésta en un plato, lo volquemos y no se caiga.

Si no gusta que se noten las moras o trozos de ellas, batir al final de la cocción.

Consumir en los días posteriores, pero si no va a ser así, esterilizar unos frascos de cristal y envasar al vacío para poder guardarla durante meses.

* Lo bueno de esta receta es que además de fácil, exquisita al paladar, y reportarnos esos instantes de placer gastronómicos, también podemos encontrar nuestros dos segundos, saliendo al campo para recolectar las moras, en familia, solos, con amigos...

Esta entrada está dedicada a la memoria de Víctor.

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