viernes, 19 de abril de 2013

Olor a cera y a canela



El último día de colegio antes de las vacaciones de Semana Santa, me encantaba abrir la puerta de mi casa e impregnarme de ese olor a canela, propio de los dulces que tradicionalmente se hacen en cada hogar para estas fechas.
En la mía se empezaba por los rosquillos y pestiños, luego pasábamos a la leche frita (favorita de mi abuela y mía), el arroz con leche y natillas con merengue y galletas, todos ellos con un ingrediente común, la canela.
En una de las habitaciones que durante el día servían como comedor y durante la noche se convertía en dormitorio con una cama mueble, mi abuela y mis tías abuelas, ponían toda clase de bandejas llenas con estos manjares. El olor inundaba toda la estancia repartiéndose a su vez por toda la casa. Hasta llegar aquí, todo era un revuelo de cacharros en la cocina, tres mujeres cocinando a la vez y los niños, mis hermanos y yo, revoloteando alrededor y metiendo las manos en masas como si de un juego se tratara. El aroma a canela predominaba sobre los demás y a mí me hacía sentir que ya estábamos en vacaciones de Semana Santa. Unas vacaciones en el que otro olor también me indicaba que llegaban días de descanso de obligaciones escolares, el olor a cera de las velas en las procesiones.
Eran días de llegar tarde a casa viendo encerrarse hasta la última cofradía, saliendo temprano para ver por las calles más típicas de la ciudad, la belleza de los pasos que salían de sus Templos para hacer su estación de penitencia, mezclándose con el esplendor que relucía el paisaje de la ciudad en esta época de primavera. El olor a cera de vela de las mantillas e incluso el del incienso, me recordaban que ya estábamos en esa Semana que nosotros vivíamos de forma tan especial . Y es que de los cinco sentidos que tenemos, quizás sea el del olfato el que nos lleve más cerca del recuerdo y la felicidad y nos aporte esos dos segundos tan placenteros del momento en cuestión.
A mí son estos dos aromas, cera y canela, los que me hacen sentir esos momentos tan felices que viví en el pasado durante la Semana Santa. Los dos se quedaron en mi recuerdo como si de un legado valioso se tratara. El aroma a canela se lo debo a mi abuela, a sus dulces,a su modo de cocinarlos y su modo de transmitir ese amor por lo que hacía. El de la cera, a mi padre. Erudito de la Semana Santa de su ciudad, nos enseñó a movernos por cada uno de los rincones más típicos de ella, buscando la belleza de cada cofradía y explicándonos todos los detalles de cada una de ellas, mientras veíamos pasar las largas filas de penitentes y mantillas con sus velas, dejando a su paso ese olor tan particular que tiene la cera caliente en la calle en los días de primavera.

Para esta ocasión hay una música obligada. Fueron muchos años los que me pasé escuchando unas y otras. Me refiero a las Marchas Procesionales. Me voy a quedar con una, "Amarguras" ,es la que más le gustaba a mi padre y volverá a sonar para él.

La leche frita era el dulce estrella de mi abuela por estas fechas. La gracia era que no tenía medidas para los ingredientes, los echaba, removía y ¡ya está! y hoy lo vamos a comer en Dos Segundos, para ella y por ella.

* En memoria de mi abuela y de mi padre 



Leche frita

Ingredientes
. 1lt de leche.
. 9 cucharadas de madera de maicena.
. Azúcar (al gusto, pero como diría mi abuela," dulcecica")
. Más azúcar para rebozar al final.
. Cáscara de limón.
. Una rama de canela.
. Canela molida para rebozar.
. Huevo.
. Harina.

Elaboración

Ponemos a calentar la leche junto con la rama de canela, el azúcar y la piel del limón hasta que casi empiece a hervir. Retiramos y dejamos enfriar, pero cuando esté llegando al punto de tibia, añadimos la harina. Removemos para que no se hagan grumos y volvemos a poner al fuego. Ahora viene lo difícil, hay que conseguir un punto de espesor de la masa que no esté ni demasiado blando ni demasiado duro. No puede quedar como la masa de croquetas, tiene que estar algo más blanda. Se vierte en un plato o fuente plana y se deja enfriar. Una vez fría, se corta en cuadrados, se pasan por harina y huevo y se fríen en abundante aceite caliente, pero cuidando de ir bajando el fuego para que no se nos queme el rebozado y el interior se quede crudo.
Se escurren en papel de cocina y se pasan por azúcar y canela.
* Aconsejo comer al día siguiente de su elaboración, han cogido mejor los sabores.








miércoles, 6 de marzo de 2013

La anciana María


Conocí a María una fría mañana de invierno. Una mujer de aspecto frágil, estatura baja, delgada, pelo blanco como la escarcha, piel tostada y una cara... de ángel. Muy sencilla en el vestir, casi rozando... la pobreza. No llevaba abrigo, ni prenda alguna que, para el frío que ese mes de enero nos ofrecía, protegiera su débil cuerpo de anciana. Una simple rebeca encima de un fino jersey cubría su torso, calcetines tobilleros en lugar de medias y unas zapatillas de andar por casa, que era lo único que le permitían ya sus pies.
Me encontraba en mi centro de trabajo.
María se acercó a mí para hacerme una pregunta, le contesté y le ofrecí mi ayuda inmediatamente para lo que me había preguntado.
Desde ese día, María aparece y desaparece como por arte de magia.
 Cada vez que pasa por allí, entra a saludarme y a charlar conmigo, ¡me encanta!. Si no me encuentra, pregunta  por mí y al cabo de un tiempo, vuelve a aparecer y me dice:
- pasé por aquí y pregunté por usted, pero me dijeron sus compañeros que estaba en otro sitio trabajando... ( hace casi diez años que nos conocemos, pero me sigue hablando de usted) y hoy he salido a dar un paseo y he vuelto a pasar para ver si tenía suerte y la veía.

Con María me encanta hablar de su vida, una vida llena de lucha, de batallas ganadas y perdidas. No tiene hijos y es viuda desde hace... no se acuerda muy bien, pero muchos años. No tiene familia pero sí muchos amigos, y no lo dudo, el carácter de María hace que sea una de esas personas con las que te gustaría estar para siempre. Vital, optimista, dulce, encantadora, luchadora, bella por dentro y por fuera .
La última vez que vino a visitarme fue por Navidad, estaba muy contenta porque le habían dado plaza en una residencia para pasar unos días en esas fechas. Le encanta pasarlo bien, bailar (lo que su cuerpo resista), ir al teatro, al cine, en definitiva, vivir. María tiene noventa y dos años y todavía se maneja sola y alegre como si la vida no le pesara.

Para María había una entrada obligada en Dos Segundos, alguien a quien conocí por casualidad y ha sido capaz de proporcionarme momentos inmensamente agradables, simplemente con su presencia.
¿Quién dice qué la vejez es desagradable y aburrida?
Depende del alma de cada uno, y María es el ejemplo de lo contrario. Vive esta etapa de su vida con dignidad, asumiendo sus limitaciones y como ella dice: yo no soy vieja, soy anciana,viejos son los muebles, los zapatos...
En una ocasión, María me contaba acerca de su infancia. Como casi todas las personas con una edad considerable, recuerda mejor aquellos tiempos, que lo que hizo ayer. Me decía que sobrevivió al hambre gracias a las gachas que hacía su madre, de agua y harina, a las que cuando buenamente podía les echaba cuscurrones de pan y algo de azúcar. Su madre le decía que si comía estas gachas, estaría tres días guapa y ella algo presumida ya desde pequeña, procedía a hacerlo. También el hambre hacía que no tuviera mucha elección. Los días posteriores no paraba de mirarse en un pequeño espejo que tenían medio roto en un comedor, y¡ sí, era verdad, estaba más guapa!


Para ella voy a cocinar estas gachas. Yo las voy a hacer con algunas modificaciones respecto a aquella época. Con leche en vez de agua, pan, almendras fritas y miel de caña. Así me las hacía mi abuela, y curiosamente me contaba una historia parecida, que en tiempos de hambre era de lo que se alimentaban y que si las comías te ponías tres días guapa. Ni a María ni a mi abuela les hacía falta comer gachas para estar bellas.

A María le gusta cualquier música que le haga sentir que su corazón sigue latiendo. Yo he elegido una canción de Nina Simone, que puede definir cómo es ella.
No tiene casi nada material, tiene su ser, alma, libertad y VIDA.¡LO TIENE TODO!

Gachas con miel de caña, almendras y cuscurrones de pan frito.

Ingredientes


.
Harina de repostería (2 ó 3 cuacharadas soperas)
. Una cucharadita de matalahuga.
. Trocitos de pan.
. Almendras.
. Miel de caña (al gusto)
. Una pizca de sal.

Elaboración

En una sartén echamos un chorrito de aceite, ponemos a calentar, y antes de que empiece a humear, añadimos los trocitos de pan.
Cuando el pan esté tostado, se saca y se añade a la sartén la matalahuga y las almendras partidas en dos (yo no les quito la piel).
A parte en una cacerola se ponen dos vasos de leche. Antes de que empiece a calentar, añadimos la harina sin dejar de remover para deshacer los grumos y que empiece a espesar, con cuidado de que no se pegue y envolviendo de abajo a arriba. Tiene que quedar una masa espesa a la que añadimos el pan frito, las almendras y la matalahuga.
Seguimos cociendo un minuto más y apartamos. Servimos en un plato hondo y por encima echamos miel de caña al gusto de cada uno.

Hay quien tuesta la harina en una sartén, hay quien aromatiza la leche con canela en rama, cáscara de limón o rama de vainilla. Yo nada de esto le echo, las hago según la costumbre de mi abuela. Seguro que casi todos habréis comido este delicioso plato alguna vez o lo habréis visto hacer en casa. Que cada uno coja el modo de hacerlas que más le guste pero sobre todo saboreadlo a fondo, ya que es fácil, económico y delicioso. Aconsejo tomarlo en noche de bastante frío.
Y ¡ a estar guapo tres días!

 
Gracias María, por el encuentro fortuito de aquella fría mañana de enero.
 


martes, 22 de enero de 2013

Los veintiséis,¡ lo conseguimos!


Sí, después de algunos años, nos hemos reunido todos los primos por parte de mi padre, cada uno con nuestras respectivas familias.
Esto era casi imposible, primos que viven muy lejos de nuestra ciudad, niños muy pequeños, horarios de trabajo imposibles de compaginar con ocio, pero el cuatro de enero de 2013 ¡lo conseguimos!
Todos, formamos un grupo de veintiséis.
Hace unos años quisimos mantener la costumbre que habíamos vivido en Navidad. Siempre por Noche Buena, nos reuníamos con la familia de mi padre en casa de mis abuelos o en la de mi tía. Esto fue así hasta que mis abuelos se marcharon para siempre. Luego cada uno tomó su rumbo.
Hasta que un día tuvimos la genial idea de seguir reuniéndonos todos los primos  cualquier día de la Navidad, como lo hacíamos durante nuestra infancia en Nochebuena. Tengo que decir, que soy la mayor de los ocho y la única mujer. ¿Por qué cuento esto? porque cuando nos juntábamos de pequeños, no había ni una mala muñeca, ni cocinitas, ni nada que a una niña le pudiese gustar. Abundaban los coches, las pelotas, los "Airgamboys" ahora llamados Playmobil. Sin embargo, lejos de ser una noche aburrida para mí, yo me lo pasaba en grande con todos mis primos y deseaba que llegase ese día para estar todos juntos. Ahora, después de haber pasado ya unos cuantos años... de todo esto, nada ha cambiado a la hora de pasarlo bien cuando nos reunimos. Bueno, sí hay algo que ha cambiado, yo he conseguido cinco primas, dos hermanas más un montón de sobrinas, hijas de mis primos.
 Hoy he hecho una excepción y con el permiso de todos he mostrado una foto familiar de ese momento. La ocasión lo merece.

¡Qué no pase mucho tiempo para volver a estar todos juntos!
Fue un día perfecto.

Hoy vamos a tomar un exquisito lomo en manteca colorá de los Montes de Málaga, receta sencilla y que puede ser la puerta de entrada como aperitivo, en cualquier reunión familiar. Acompañad con un buen vino.



Ingredientes

. 1 kg de lomo de cerdo.
. 3/4 kg de manteca de cerdo ibérica.
. 1 vasito de vinagre.
. 1 cucharada de orégano.
. 1        "         sopera de pimentón dulce.
. Tomillo.
. Sal.
. 1 hoja de laurel.
. 1/2 vaso de agua.

Elaboración

En una fuente honda, ponemos el lomo en trozos y le añadimos todos los ingredientes, menos la manteca. Se deja macerar 24 horas en el frigorífico. Al día siguiente, ponemos a derretir la manteca en una sartén. Sacamos los trozos de lomo y los doramos un poco en la manteca. Cuando esté el lomo dorado, se añade el caldo previamente colado, y dejamos cocinar el lomo hasta que esté hecho por dentro, el caldo se haya consumido y la manteca esté derretida.
Se vierte en un recipiente hondo, debiendo quedar el lomo totalmente cubierto por la manteca, para que se conserve bien.

jueves, 3 de enero de 2013

¡No lo puedo evitar!

Alumbrado Navidad - Carrera del Genil

Tres de noviembre, deambulo por los pasillos de un hipermercado haciendo las compras de rigor. Cual es mi sorpresa, cuando en uno de los pasillos centrales,  están colocando los artículos de Navidad. Entiéndase bolas, espumillones, árboles, figuritas para los belenes, todo un sinfín de elementos para que nuestros bolsillos empiecen a funcionar. En los pasillos colindantes, empiezan a montar los juguetes junto a restos de disfraces, que aún están calientes de la noche de Halloween. Yo, que como me dicen en casa, vivo en una Navidad permanente, ¡me empieza a dar por el cuerpo una alegría! que no puedo describir muy bien. En estos momentos he encontrado mis dos segundos.
Soy de las que, cuando veo estanterías cargada de artículos navideños, siempre busco el muñeco musical y bailón (Papá Noel, reno, osito, muñeco de nieve...) que al pulsarle en un botón de la mano o de la patita, baila y canta alguna canción navideña. Y sin reparo alguno, le pulso, pero no solo a uno sino que pongo en funcionamiento todos los que haya en las estanterías. Esto, bajo la atónita mirada de los que se encuentran a mi lado. ¡No lo puedo evitar!

Camino unos pasos y me encuentro a unos conocidos, nos paramos a saludarnos y me dicen: ¡qué asco! ya tenemos la Navidad encima.Yo no lo entiendo,¿qué asco?. Te pueden gustar o no estas fechas pero ¿qué te produzcan asco?
Sigo haciendo mis compras, y pienso "cada vez nos adelantan más la Navidad, ¡qué bien!". Avanzo unos metros y otro encuentro con otros conocidos, saludos, preguntamos mutuamente por las familias, despedida y comentario (de ellos) -vamos a salir por este lado del hipermercado, porque en la salida que nos vendría bien, ya está todo lo de Navidad, y nada más verlo se me revuelve el estómago.
Y sigo pensando ¡otros!, que son capaces de andar cargados con la compra un montón de metros más, por no pasar por el pasillo donde está  la Navidad. Bueno, cada uno tiene su opinión y es lo mismo de válida que cualquier otra.

Y sigo comprando...tercer encuentro, conversación amena hasta que llega la pregunta ¿has visto que ya están poniendo lo de Navidad? y sin darme opción a respuesta, sigue la conversación: Si pudiera, me dormiría el día 21 de diciembre y despertaría el 7 de enero, ya en rebajas. Nada más pensar en reuniones familiares, aguantar a mi cuñado y a mi suegra el día de Noche Buena, y si es el día de Navidad, ni te cuento. Este año toca con los míos, no soporto ni a mi hermano ni a sus hijos¡ porque mis padres viven todavía, pero el día que no estén...!

Ahí empiezo a desconectar, y pienso, en menos de media hora me he encontrado con personas distintas, no se conocen entre sí (por pensar que pudieran estar compinchados), y a todos, la Navidad lo menos que le produce es nausea ¿seré yo la equivocada?

Yo, que estoy deseando de volver al pasillo en cuestión y echarle el último vistazo antes de irme. Llegar a casa y cuando vea a mis hijos poder decirles con gran alegría ¡niños ya están poniendo" lo de Navidad "en las tiendas!
¡No lo puedo evitar!

Y no termina ahí. Desde ese día hasta el presente, no he encontrado a alguien que después de felicitarme las fechas en cuestión y desearme lo mejor para este año, me haya hecho un comentario distinto a los anteriores.
Y a mi, ¡no lo puedo evitar!, me gusta la Navidad.

Si vuelvo la vista atrás, quizás tenga más motivos para odiarla que para disfrutarla, pero.... elegí la segunda opción.
Mi casa empieza a parecer un museo a la Navidad desde el día 1 de diciembre hasta el día que empiezan los niños el colegio, que por arte de magia y con toda la pena del mundo, desaparece todo el decorado navideño.
En cada rincón hay un muñeco navideño. Estrellas colgadas en los pomos de las puertas, osos polares (pequeños) en las estanterías de los libros, casitas navideñas con luces iluminando un rincón del pasillo, el árbol en el salón y el tradicional Belén. Por supuesto, no faltan la zambomba y la pandereta . Toda una interminable colección de artículos, que sólo ven la luz en esta época del año (taza de desayuno, azucarero de Papá Noel, pijamas navideños, ropa interior navideña, jersey de renos y abetos en rojo y verde...) toman posesión de mi casa bajo la paciencia de algún miembro de la familia que como a muchos, estas fechas son una verdadera amenaza para su salud. Pero...¡no lo puedo evitar!

Me preparo una auténtica selección musical propicia para esta época, eso sí, casi siempre en tono de Jazz. Al mismo tiempo, otra variedad de películas navideñas que antes he elegido cuidadosamente, pasan a ser las protagonistas de la pantalla de mi televisor, entre las que no faltan cada año "Qué bello es vivir" y "Cuento de Navidad" en cualquiera de sus versiones.

Pienso con gran ilusión en el menú de los días grandes de estas Fiestas. Pregunto dónde nos vamos a reunir, propongo siempre mi casa (aunque pequeña para muchos, pero acogedora para todos). Me encantan esas reuniones en las que faltan sillas y terminamos comiendo en banquetas de cocina, de cuarto de baño, las sillas de los cuartos de los niños e incluso pidiéndole a los vecinos alguna que no vayan a utilizar. Quitamos algún mueble y lo llevamos a otra habitación para que podamos entrar todos en la misma estancia, pero al final de lo que se trata, que es de estar todos juntos, lo conseguimos.

Entre medias a estos días, están las actuaciones de los niños en los colegios. Prepara trajes, ensaya con ellos lo que tienen que decir, compagina todo esto con trabajo y asuntos familiares especiales, que el que más y el que menos los tenemos. Pero...¡no lo puedo evitar! me gusta la Navidad.

Y sigo pensando (dejando a un lado el tema de adornos, comida, compras, villancicos, etc) en lo triste que resulta, que el sentimiento desagradable que producen estas fechas en algunos, sea por el simple hecho de juntarse con los suyos durante unas cuantas horas para pasar, se supone, un buen rato.

Intentando comprender ese sentimiento de nausea a estas fechas, me pregunto si esa sensación vendrá por el hecho un poco obligado socialmente, de reunirse con la familia en estos días y no en otros, o por lo que conlleva la fiesta en sí (compras, regalos, gastos..)

Me faltan familiares, me faltan amigos, y como dije al principio, puedo tener más motivos para odiar que para gozar de la Navidad.
Mis amigos me dicen que pertenezco a una especie en vías de extinción. Quizás tengan razón pero...¡No lo puedo evitar!,me gusta la Navidad.

Desde Dos Segundos,¡¡ FELIZ NAVIDAD!!..


A veces unas sencillas palabras, son las que nos dan esos dos segundos tan necesarios para sentir que el alma se engrandece. Sólo tres palabras han sido los míos en estas fechas ¡encontrad los vuestros!



La música de hoy, acorde con las fechas, pero a elegir por los visitantes al blog.
Edward Scissorhands, Louis Armstrong, ¿Qué es?

La receta: un estupendo pudin de turrón, el cual fue elaborado por mi cuñada para la Noche Buena y degustado por el resto de la familia, ¡exquisito! y muy fácil.




Pudin de Turrón:

Ingredientes:
. 1 lt de leche
. 1 brick de nata de 200ml
. 2 sobres de flan "el mandarín"
. Una tableta de turrón blando
. 2 cucharadas de azúcar moreno

Elaboración

Se pone toda la leche menos una taza (en la que se disuelven los sobres de flan) junto con toda la nata al fuego. Añadimos la tableta de turrón desmenuzado y removemos constantemente. Cuando comience a hervir, echamos la taza con el resto de leche y el flan disuelto. Removemos un poco, echamos el azúcar y apartamos del fuego cuando se nos haya espesado.
Volcamos en un recipiente y dejamos enfriar, desmoldamos con cuidado y adornamos con lo que queramos (barquillos de galleta, alguna figurita de chocolate...).

*Si sois muy golosos, acompañad con nata. Nosotros nos lo comimos tal cual y ¡riquísimo!



viernes, 21 de diciembre de 2012

Enseñar



El día 27 de noviembre se celebró el día del Maestro. Hay muchos días en el calendario que se suelen conmemorar de forma especial, pero si tuviera que quedarme con uno, sería este. Todos hemos sido alumnos alguna vez ¿ y qué es un alumno sin su maestro ?
Maestro significa, el que enseña, el que guía y seguro que en nuestro trayecto como alumnos, ha habido alguien a quien hemos seguido y que nos ha dejado una huella imborrable en el corazón. Y cuando echamos la vista atrás y revivimos nuestro tiempo de estudiantes, aparece el recuerdo de esa persona que marcó nuestro camino y que, se quedó en nuestro interior. Por su sabiduría, sus enseñanzas y el modo de transmitirlas, dedicación, bondad, humanidad, porque el verdadero maestro nace no se hace.

Podría citar los nombres de muchos de los maestros que han pasado por mi etapa de alumna, pero por respeto y temor a que pueda olvidarme de alguno de ellos, sólo voy a nombrar a uno, Don Luís, mi maestro.
Fue maestro de maestros. La humildad y la bondad eran su cara más visible. La lección más importante para él era, aprender de los demás.
Me dio clase de Lengua en los tres últimos cursos de la antigua EGB, pero su recuerdo se ha quedado en mí para siempre, y seguramente en la de otros que también tuvieron la suerte de conocerle.

Como he mencionado al principio, esta entrada quiero dedicarla a todos los que pasan gran parte de su vida entregándose a sus alumnos, desviviéndose por ellos, trazándoles el camino a seguir, disfrutando de su vocación, en definitiva, enseñando.

Pero es, a dos maestros muy especiales para mí, a los que he querido reservar un espacio en Dos Segundos.
Ya sabéis que cada entrada termina con una receta y siempre de fondo, suena una melodía. En esta ocasión van a ser ellos los que pongan el toque culinario y la sintonía.
 La receta es para, mi querido J.M. alguien que ha dedicado toda la vida a sus niños (como él los ha llamado en ocasiones), jubilado pero maestro para siempre, porque, los maestros de verdad no dejan de serlo cuando terminan sus años de docencia.
 Hoy vamos a tomar un exquisito arroz con leche, que con seguridad será del gusto de un buen goloso.

El  encargado de poner ritmo hoy a Dos Segundos, es otro maestro con mayúsculas.
Persona muy especial," luminoso", como un día lo definió un alumno, debido a la gran luz que alberga en su alma y que transmite a los que están cerca de él. La bondad y la dulzura se hacen visibles en su persona.
Para él va a sonar una canción del legendario Bob Dylan , Things have change.
 
Tanto uno como otro, tienen los ingredientes esenciales para ser el ejemplo de lo que es un maestro, enseñan, guían, transmiten e iluminan, y sin duda alguna, se quedan en los corazones de los que se han cruzado en sus vidas y han tenido la suerte de ser sus alumnos.

¡No dejéis nunca esa luz, que alumbra el camino de aquellos a los que enseñáis !



Hoy he encontrado mis dos segundos cuando alguien me ha hablado de mis hijos, curiosamente, un maestro.


Arroz con leche

Ingredientes:

. 115 gr  de arroz (nunca de grano largo)
. 150 gr de azúcar.
. 1 ltr de leche.
. Corteza de limón o naranja
. Canela en rama.
. Canela molida.

En un cazo, ponemos la leche junto con las corteza (sin la piel blanca) de limón o de naranja.


Echamos el arroz y no dejamos de remover hasta que el arroz esté casi tierno. Entonces añadimos el azúcar y seguimos moviendo. Apartamos la rama de canela, para que no se parta y queden trocitos, así como las cáscaras de limón o naranja.
Cuando esté hecho, se reparte en cuencos y se deja enfriar. Una vez frío se espolvorea con canela molida y a la nevera.

Hay muchas formas de hacer el arroz con leche. Yo he elegido ésta que es la que siempre ví en casa. La única complicación de esta receta es el tiempo que se tarda en hacerlo ya que hay que remover constantemente para que el arroz no se pegue al fondo.

viernes, 30 de noviembre de 2012

Noviembre huele a Jazz


Hay muchos rincones en mi ciudad en los que, durante todo el año, el aroma del Jazz está presente. Pero es en el mes de noviembre cuando ese olor se hace más denso y nos envuelve a todos los que de algún modo este ritmo nos eleva el alma. Incluso llega,  a través de la calle, a aquellos que gusten disfrutar al menos dos segundos de esta música.
¿Y a qué huele el jazz? Para mí todo estilo musical tiene un olor que lo caracteriza, y el jazz tiene el suyo propio. Es el olor del local clandestino donde el aire está cargado de alcohol, perfume de mujer e incluso si me permitís, a humo de tabaco. Donde empezaron lo más grandes de este mundo tan particular, todos esos que hicieron de esta música historia, dejando un gran legado,  base de inspiración de otros muchos que han llegado hasta nuestros días.
Año tras año nos volvemos a dar cita todos los que nos dejamos impregnar de este aroma, para poder disfrutar de un magnífico programa que lleva envolviéndonos desde hace treinta y tres años ¡ casi nada !


Este año nos hemos podido llenar de la música de Wallace Roney, Larry Coryell, Omar Hakim, Rick Margitza y Ralphe Armstrong homenajeando al gran Miles Davis. También han pasado por esta ciudad, Paolo Fresu y Omar Sosa, Roy Hargrove Quintet, entre otros, hasta culminar con el gran maestro Pakito D'Rivera .
Empezamos la cuenta atrás, deseando que el año que viene, este Festival nos vuelva a rodear de ese olor tan especial, que desde hace más de tres décadas deja en nuestra ciudad. 

La receta de hoy en Dos Segundos es Trufas de Chocolate y Brandy.
¿Acaso hay algo más placentero gastronómicamente hablando, que un bocado de chocolate? 
Mi amigo José Manuel, gran entendido del mundo del Jazz y del que he aprendido mucho, incluso me ha enseñado a escuchar aquellos ritmos que para mí eran bastante desconocidos, siempre me decía que para él no había mayor placer,  que mientras el sentido del oído, durante un concierto de Jazz, hacía que su alma subiera hasta lo más alto, el sentido del gusto lograba la misma sensación en ese momento, degustando algo de chocolate.

Ingredientes

200 gr de chocolate fondant.
125 ml de nata
100 gr de azúcar glass.
50 gr de mantequilla.
1 cucharada de brandy.
Fideos de chocolate.                                       

Elaboración
Ponemos el chocolate troceado en un cazo al baño María y sin dejar de remover, deshacemos el chocolate añadiendo la mantequilla, el brandy y la mitad del azúcar glass, hasta que todos los ingredientes se hayan mezclado.
Apartamos del fuego y dejamos enfriar. Lo metemos en la nevera durante una hora aproximadamente.
Montamos la nata (tiene que estar muy fría) con el resto del azúcar y añadimos a la mezcla de chocolate, envolviendo de abajo a arriba para que no se nos baje la nata.
Tiene que quedar una mezcla esponjosa. volvemos a meter en la nevera durante otra hora.
A continuación pasamos a formar las bolitas, ayudándonos de dos cucharillas pequeñas. Una vez hechas las pasamos por los fideos de chocolate y vuelta a la nevera.
El paso siguiente son los dos segundos que obtengamos con cada bocado de esta delicia.

Esta vez voy a sugerir como fondo musical, El blues de Mrs Cellie, preciosa escena de la película El Color Púrpura, con una gran carga sentimental, donde para mí se refleja ese olor a Jazz.

*Gracias José Manuel por compartir una pasión por un gusto musical y convertirlo en una afición.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Derecho a un Derecho


La semana pasada me encontré con mi amiga, Rainnia, a la que hacía tiempo que no veía. Rainnia es búlgara y vive desde hace seis años en España junto a su hija. Lo que el tiempo nos permitió, hablamos de unas cosas y otras, entre ellas de cocina (como sabéis, una de mis aficiones). Me facilitó unas recetillas típicas de su tierra, y me invitó a que algún día pasara por su casa para prepararlas. Le pregunté  cuál era la comida que temía que hubiese hecho su madre cuando volvía de la escuela,  y cual era la que más le gustaba. Ella me dió una respuesta que me sorprendió: no fue al colegio siendo niña, sabía lo que iban a comer en su casa porque.... lo cocinaba ella.
Así dejamos a un lado la conversación gastronómica y pasamos a hablar de esta parte de su vida. Inmediatamente quise saber el porqué, resultaba difícil creer  que alguien viviendo en un país, de los que en occidente entendemos como "civilizado", no hubiese ido al colegio.
Tenía siete hermanos varones por delante de ella: sus padres "buscaban" la niña que los cuidara en la vejez.
Sus hermanos estudiaron en la Universidad, ella sólo aprendió a leer y a escribir por cuenta de uno de ellos y a escondidas de sus padres.

Rainnia no es una abuela contando batallitas de su infancia, sólo tiene 35 años. Nacida en la civilizada Europa, ni siquiera tuvo opción a uno de los derechos básicos del ser humano, el derecho a la educación.

Hace unas semanas leí en la prensa que Malala Yousafzai mejoraba de sus heridas. Ella es la niña pakistaní a la que dispararon por el simple hecho de ir a la escuela y reivindicar el derecho a la educación escolar de la mujer en su ciudad.

Cuando leemos noticias así nos escandalizamos y pensamos siempre en una sociedad que queda muy lejos de la nuestra en cuanto a prácticas religiosas o vida social. Pero desde el momento en que nosotros, integrantes de este mundo civilizado, coartamos la libertad de nuestros hijos en un derecho tan básico como es ir al colegio nos convertimos en unos fanáticos intransigentes.

El pasado 26 de octubre, los colegios de mi barrio se unieron con un fin común: reivindicar ese derecho tan esencial de nuestros hijos, ir a la escuela. Esto lo llevan haciendo varios años y consiste en manifestarse por las calles del barrio y llamar la atención de aquellos que de algún modo están privando a sus hijos de ese derecho. Al final del acto, se lee un manifiesto relacionado con el hecho por el que están allí. Después hay juegos y diversas actividades para concienciar a los niños  de la importancia que tiene ir a la escuela. Les corresponde hacerlo a los alumnos del último curso de Primaria junto a sus profesores.

La infancia de Rainnia, la historia de Malala o el niño de nuestro barrio que vemos en la calle casi todos los días en horario escolar, no son diferentes entre sí.
A ellos se les ha negado un derecho, el motivo no importa... sólo es una excusa.  Aunque el futuro se presenta un tanto complicado en los próximos años, no seamos integristas de nuestros hijos ni cerremos puertas desde su infancia, ellos son el futuro y eso, empieza en el colegio.

Rainnia compagina la crianza de su hija con el trabajo y con lo que siempre soñó desde niña, sus estudios universitarios.
Malala se recuperará y seguro que lo ocurrido en su vida, no será un freno para seguir luchando por esa libertad que todos deberíamos tener.
Respecto a los chicos anónimos de nuestro barrio que, pudiendo, no usan ese derecho, quizás queden cada vez menos. Y quizás sea gracias a esas personas que deciden salir a la calle durante una mañana para recordarnos a todos que están ahí, y que asistir a la escuela es un derecho, y una obligación.

Hoy he encontrado más de dos segundos junto a mi amiga Rainnia, y gracias a su historia, me ha hecho ver todo aquello que tenemos y no sabemos valorar.
 
 El hilo musical en esta ocasión en Dos Segundos corresponde a Aynur Karadogan, cantante turca que reivindica con sus canciones los derechos a la libertad, a la educación, sobre todo de la mujer kurda.
 Como receta estaría bien dedicar unos segundos a alguna de las que me ha proporcionado Rainnia, pero ella le tiene especial cariño a una que, sin ser típica de su país, la ha preparado en numerosas ocasiones: era un de las preferidas por su padre (al que ella adoraba) porque vivió muchos años en Turquía. Se trata del Hummus o Crema de Garbanzos.


Hummus

Ingredientes
1/2 kg de garbanzos
1/2 cebolla
1 hoja de laurel
1 ajo.
1/2 limón.
Sal (al gusto).
1/2 cucharadita de tahina o crema de sésamo (fácil de encontrar en cualquier hipermercado)
Un poco de perejil picado.
Pimentón dulce o picante (al gusto)
Aceite de oliva.

Elaboración

Ponemos los garbanzos a cocer junto a un trozo de cebolla y una hoja de laurel hasta que estén tiernos. Esto puede ser en olla tradicional una hora y media y en olla rápida, unos cuarenta y cinco minutos más o menos. Si se quiere más rapidez, se pueden utilizar garbanzos en bote, ya cocidos, pero el sabor no es el mismo.
Cuando estén tiernos, los echamos al vaso de la batidora junto con el resto de ingredientes menos el pimentón. Si nos cuesta batir, añadimos un poco de agua de la cocción y si son de bote, un poco de agua caliente. Obtendremos una pasta o crema, que extendemos en un plato llano y a la que añadimos el pimentón y un buen chorro de aceite.
Se come con pan tipo árabe, pero en su defecto, un buen pan de Alfacar es igual de apropiado.

Esta receta es típica de muchos países del Mediterráneo, Marruecos, Turquía, Grecia, Líbano, en casi todos se elabora de forma muy similar aunque cada uno aporta su pequeño toque personal. Hay quien le echa algo de canela, otros ponen cilantro en vez de perejil, adornan con aceitunas negras e incluso con trocitos de queso tipo feta por encima.